La competición, iniciada el pasado 1 de marzo 2026, tiene prevista una nueva jornada este domingo 11 de octubre después de meses de parones, reuniones y cambios. Los equipos siguen esperando conocer el calendario definitivo de una temporada que podría prolongarse hasta diciembre.
Hay algo que, después de tantos meses, parece difícil de discutir: en La Gomera hay gente que quiere jugar al softbol. Lo demuestra el interés de los jugadores, las conversaciones entre los equipos, los comentarios de quienes siguen la competición y el trabajo que, de una manera u otra, diferentes personas vienen realizando para mantener vivo un deporte que todavía busca consolidarse en la isla. Sin embargo, entre las ganas de jugar y la posibilidad real de hacerlo existe una distancia que esta temporada se ha hecho demasiado larga.
La competición comenzó el 1 de marzo de 2026. En condiciones normales, a estas alturas del año una liga que arrancó entonces debería encontrarse en su tramo final o, dependiendo de su formato, incluso haber concluido. En cambio, la competición gomera afronta ahora un nuevo intento de regreso después de meses condicionados por diferentes circunstancias, entre ellas la disponibilidad de las instalaciones, las reuniones entre los implicados y la necesidad de ir tomando decisiones sobre una temporada cuyo desarrollo ha estado lejos de ser el inicialmente previsto.
Ahora, al menos, existe una fecha sobre la mesa: domingo 11 de octubre. Si no aparece un nuevo inconveniente, el softbol volverá a ocupar el terreno de juego. La noticia debería ser motivo de celebración, especialmente para unos jugadores que llevan demasiado tiempo esperando. Pero la alegría por volver a jugar viene acompañada inevitablemente de una pregunta que se repite desde hace meses: ¿qué ocurre después?
La respuesta, por ahora, es que habrá que volver a reunirse para conocer el resto del calendario.
Y probablemente sea este el elemento que mejor explica la situación actual. Se ha avanzado, se han producido reuniones, se han planteado alternativas y se han buscado soluciones, pero la competición continúa sin disponer de una hoja de ruta completa que permita a los equipos saber con suficiente antelación cuándo disputarán sus próximos encuentros y cuándo está previsto que termine la temporada.
No es una cuestión menor.
En una competición amateur, donde prácticamente todos los participantes tienen obligaciones laborales y familiares al margen del deporte, disponer de un calendario no es simplemente una formalidad administrativa. Es una necesidad. Un jugador necesita saber cuándo juega para organizar su trabajo; un equipo necesita conocer las fechas para preparar sus partidos y desplazamientos; una familia necesita planificar sus fines de semana y, en muchos casos, una organización necesita saber con tiempo suficiente qué instalaciones estarán disponibles.
Por eso la incertidumbre termina teniendo un efecto mucho mayor del que puede parecer desde fuera.
Una afición que pregunta, ¡porque quiere jugar!
Durante estos meses se han multiplicado las preguntas. En los grupos de jugadores, entre los equipos, en conversaciones informales y también entre quienes siguen el deporte desde fuera. ¿Cuándo volvemos? ¿Cuántos partidos quedan? ¿Se jugarán los playoffs? ¿Cuándo terminará la liga? ¿Habrá competición durante los próximos meses?
Algunas de esas preguntas pueden interpretarse como impaciencia. Otras, sencillamente, como cansancio. Pero también hay otra manera de entenderlas: la gente pregunta porque tiene interés.
El jugador que insiste en saber cuándo se juega no necesariamente está criticando el proyecto. Muchas veces está diciendo exactamente lo contrario: quiere seguir formando parte de él.
Y ese es probablemente uno de los aspectos que más deberían valorarse en este momento. A pesar de todos los problemas, los equipos siguen queriendo competir y los jugadores siguen mostrando interés por el deporte. No parece existir una falta de ganas de jugar; lo que existe es una evidente necesidad de que esas ganas encuentren una estructura que permita canalizarlas.
El softbol gomero ha conseguido algo que no es sencillo para una disciplina minoritaria: generar una pequeña comunidad alrededor de la competición. Hay jugadores que llevan años vinculados al deporte y otros que se han incorporado recientemente; personas que participan dentro del campo y otras que colaboran desde fuera; familiares que acompañan a los equipos y aficionados que siguen los resultados. También hay quienes dedican horas a organizar actividades, preparar partidos, conseguir material, generar contenido o buscar fórmulas para que el deporte tenga mayor visibilidad.
Todo ese trabajo tiene valor.
Precisamente por eso, también merece ser acompañado por una organización capaz de ofrecer continuidad.
El problema no es solo la organización
Hablar de organización resulta inevitable, pero sería demasiado sencillo reducir toda la situación a buscar un único responsable. La realidad es bastante más compleja.
Una competición necesita que muchas piezas funcionen simultáneamente. Hace falta una instalación disponible, pero también equipos comprometidos, jugadores, árbitros, anotadores, material deportivo, planificación, comunicación y, cuando corresponde, respaldo institucional. Si una de esas piezas falla durante un periodo prolongado, el resto termina sufriendo las consecuencias.
La situación de las instalaciones es un buen ejemplo. Una competición no puede desarrollarse sin un campo en condiciones y disponible. Pero cuando existe un problema de infraestructura, el deporte necesita mecanismos que permitan reaccionar con rapidez. Si no existen alternativas o si las decisiones se prolongan demasiado, una jornada suspendida puede terminar convirtiéndose en semanas o meses de incertidumbre.
Y ahí aparece una cuestión que debería formar parte de cualquier debate sobre el futuro del softbol en la isla: ¿se tiene actualmente la estructura necesaria para sostener una competición estable?
La respuesta probablemente sea todavía no del todo.
Eso no significa que no exista trabajo. Al contrario. Hay personas que están haciendo un esfuerzo importante para que las cosas funcionen. El problema es que el esfuerzo individual no puede sustituir indefinidamente a una estructura organizada.
Un deporte no puede depender exclusivamente de que determinadas personas tengan tiempo, ganas o capacidad para resolver cada problema que aparece. Si se quiere que el softbol crezca, debe existir un sistema que permita que las competiciones continúen incluso cuando una persona concreta no pueda hacerse cargo de una determinada tarea.
Ese es el salto que todavía queda por dar.
De sobrevivir a crecer
Durante los últimos años se ha hablado mucho de hacer crecer el softbol en La Gomera. Y probablemente ese debería seguir siendo el objetivo. Pero crecer no significa únicamente aumentar el número de equipos o conseguir que más personas conozcan el deporte.
Crecer también significa profesionalizar, dentro de las posibilidades de una competición amateur, la forma de organizarla.
Significa tener calendarios definidos, reglamentos claros, responsables identificados, comunicación constante, estadísticas actualizadas, instalaciones adecuadas y proyectos que permitan pensar más allá de una temporada concreta.
Significa también cuidar a los jugadores.
Porque el jugador amateur no vive del softbol, pero sí invierte mucho en él. Invierte tiempo, dinero, desplazamientos y esfuerzo. Muchos terminan su jornada laboral y después se desplazan para entrenar o jugar. Otros compaginan la competición con familia y otras obligaciones. Por eso la falta de continuidad termina teniendo un coste.
Un jugador puede soportar un aplazamiento. Incluso dos. Puede entender que una instalación tenga un problema o que una determinada jornada tenga que modificarse. Lo que resulta mucho más difícil es no saber cuándo volverá a jugar.
Y ahí es donde esta temporada debería servir como aprendizaje.
Una temporada que puede terminar en diciembre
Si las estimaciones actuales se cumplen, la competición podría prolongarse hasta diciembre. Eso supondría que una liga iniciada el 1 de marzo terminaría prácticamente nueve meses después.
La comparación con la MLB puede parecer exagerada, pero sirve para poner en perspectiva la situación. Una temporada de béisbol profesional (Grandes Ligas) dura tantos meses porque existe una estructura preparada para mantener una competición de esa magnitud. En La Gomera, llegar a diciembre no será consecuencia de un calendario diseñado para ocupar nueve meses, sino de una temporada que se ha ido prolongando debido a las diferentes circunstancias que han impedido mantener el ritmo previsto.
Y eso debería servir de reflexión.
No sobre si diciembre es demasiado tarde para terminar, sino sobre cómo evitar que la próxima competición vuelva a encontrarse en una situación similar.
Porque el objetivo no debería ser simplemente terminar esta liga. El objetivo debería ser aprender de esta temporada para organizar mejor la siguiente.
Todos tienen algo que aportar
También sería injusto cargar toda la responsabilidad sobre quienes coordinan la competición. Los propios equipos y jugadores forman parte de la organización, aunque no ocupen un cargo formal.
Un equipo que no confirma una convocatoria, un jugador que no cumple un compromiso, una persona que no aparece cuando debe arbitrar o anotar, un club que no entrega determinada documentación a tiempo o alguien que no respeta los acuerdos alcanzados también puede contribuir a que una competición se complique.
Del mismo modo, las instituciones tienen su responsabilidad. Si queremos que el deporte minoritario crezca, las instalaciones municipales deben estar disponibles en condiciones adecuadas y debe existir una interlocución que permita solucionar los problemas con rapidez.
Y quienes trabajamos en la comunicación deportiva también tenemos una responsabilidad. Informar, contar lo que sucede, dar visibilidad a los jugadores y equipos y, cuando sea necesario, señalar aquello que puede mejorarse forma parte también de construir deporte.
La crítica no debería entenderse como un ataque.
A veces, precisamente porque interesa algo, hay que señalar aquello que no está funcionando.
El domingo puede marcar un nuevo comienzo
Por todo ello, la jornada prevista para este domingo 11 de octubre tiene una importancia que va más allá del resultado de los partidos.
Después de tantos meses, volver a ver a los equipos sobre el terreno será una buena noticia. Será la oportunidad de que los jugadores recuperen una parte de esa rutina que tanto han echado de menos y de que la competición vuelva a generar conversaciones por las razones que realmente deberían ocuparnos: quién ganó, quién perdió, quién fue el mejor jugador, qué equipo llega más fuerte o qué puede ocurrir en la siguiente jornada.
Pero el verdadero desafío comenzará después.
Será necesario conocer el calendario restante y, sobre todo, mantenerlo. Si hay que hacer modificaciones, comunicarlo con tiempo. Si aparece un problema, buscar alternativas. Si una instalación no está disponible, estudiar otras posibilidades. Y si existe una dificultad organizativa, afrontarla antes de que termine convirtiéndose en otro largo periodo de espera.
Porque después de siete meses, los equipos necesitan algo más que una fecha.
Necesitan certezas.
El softbol gomero tiene jugadores, tiene equipos y tiene personas que quieren trabajar por él. Hay interés y existe una base sobre la que construir. Lo que falta es conseguir que todos esos elementos estén conectados por una estructura capaz de garantizar continuidad.
La oportunidad sigue ahí.
Y quizás esta temporada, con todos sus problemas, pueda servir precisamente para entender qué necesita el softbol de La Gomera para dar el siguiente paso.
Este domingo, si todo marcha según lo previsto, volveremos a tener softbol.
Después habrá otra reunión.
Y después, se espera un calendario.
La pregunta ya no debería ser únicamente “¿cuándo jugamos?”. La pregunta que debería acompañarnos a partir de ahora es mucho más importante:
¿Cómo conseguimos que la próxima vez no tengamos que esperar tantos meses para volver a preguntar lo mismo?
Porque sí, el softbol vuelve a La Gomera.
Por ahora.
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Como familiar de un jugador, creo que muchas veces no se ve todo lo que hay detrás de un juego. Hay desplazamientos, tiempo, organización y mucha ilusión. Da pena que después de tantos meses todavía haya tanta incertidumbre
El softbol ha crecido mucho en la Gomera, pero todavía nos queda muchísimo por mejorar y aprender. Ojalá entre todos podamos hacerlo